lunes, 14 de diciembre de 2009

En contra

Leo en el periódico un reportaje sobre las clínicas que ofrecen vientres de alquiler en India. El tono es progresista y comprensivo. En ningún momento citan la palabra clave: INTERMEDIARIO.
Se puede plantear un debate sobre la ética del vientre de alquiler, pros y contras, pero lo aquí pertinente no es tal debate sino el rechazo absoluto a cualquier intermediario que aproveche la miseria de los otros para enriquecerse.
Clínicas indias con todo su staff y su tralalá, cobran un buen dinero y pagan una suma mezquina, a mujeres que venden lo único que todavía no les habían quitado: su cuerpo, su ternura, su integridad y sus instintos.
En Occidente juzgamos con facilidad y rigor temas como los abortos selectivos, el velo en las mujeres, los habitos alimentícios o la religiosidad de los otros pero cambiamos de moral y hacemos la vista gorda cuando nos conviene.
Si alguna pareja española quiere tener un hijo en vientre indio - ya es algo significativo que ningún niño ajeno por necesitado que esté les resulte suficiente - que se moleste, por ejemplo, en ir allí a conocer a una mujer, elegirla y mimarla, ofrecerle una relación, una dignidad nueva y una renta para toda la vida, por ser capaz de ofrecerles el milagro del hijo.
Estoy en contra, en contra, en contra, muy en contra de la moral variable, la vista gorda y la sensibilidad anémica.